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martes, 6 de abril de 2010

PERTH Y COSTA OESTE


Perth calurosa nos recibe con desbordante alegría en forma de fuente-oasis de frescura 


Juega, juega. Juega sin parar que fuera, en el calor, no se puede estar.








Ana se anima a entrar en este magnífico escenario que nos parece que tiene gran potencial creativo.










Volamos a Karratha. Este desangelado pueblo sin consigna, al que no aconsejamos la visita, a menos que se tengan intereses en la minería, nos acogió con un calor de mil demonios haciendo parrillada. Sólo se podía estar donde hubiera aire acondicionado. Teníamos que pasar allí el día hasta que llegara la guagua hacia nuestro destino real: Coral Bay. Menos mal que la iglesia (eso que se ve al fondo) se apiadó de nosotros y nos guardó las maletas (antes habíamos ido probando desde Correos hasta el McDonalds).

Coral Bay nisiquiera tiene la categoría de pueblo, pero tiene un gran encanto. Se trata de un asentamiento en la base del Ningaloo National Park, ideal para relajarse mirando los colores que brinda la naturaleza, tanto dentro como fuera del agua.

La única gasolinera en muchos kilómetros a la redonda conserva ese aire remoto que le confiere atractivo al lugar. Nos recuerda a cómo pudieron ser las islas antes de la fiebre del ladrillo. Esperamos que no pasen por eso en este paraíso.

Nunca el tiempo es perdido cuando se invierte en brisas cercanas y miradas que se pierden en el horizonte marino...
no se nos ocurre otra manera de trasmitir la sensación de plenitud y goce que experimentamos en este no-lugar.


Una piscina natural para toda clase de criaturas del mar... donde ocasionalmente irrumpímos los humanos.

Intentando fabricar un arpón casero para pescarnos la cena. Cenamos atún...de lata.

El gran atractivo de la región son sus fondos marinos y la cercanía de la barrera de coral (línea de olas al fondo).

Una explosión de vida en contraste con el yermo exterior (esta vez contamos con fotos acuáticas).

En la que nos sentimos como peces en el agua... Ana en plena metamorfosis.

La estrella del lugar, sin duda alguna, es la exclusiva visita del tiburón ballena (el mayor pez conocido que puede llegar a los 12 metros) de abril a junio. Acude por la abundancia de comida provocada en la eclosión del esperma coralino después de las lunas llenas de marzo y abril.

Tuvimos la ENORME suerte de llegar puntuales a la cita y poder nadar junto a él (tranquilos, llevaba mis pulseras protectoras).

Un precioso y majestuoso ejemplar de unos 5-6 metros que nos dejó acompañarlo durante unos inusuales e intensos 40 minutos antes de perderse en las profundidades. Pese a sus parsimoniosos movimientos,nos exigía un constante esfuerzo para mantenernos a su lado. Simplemente una de las mejores experiencias de nuestra vida.


Tuvimos tiempo, además, para ver volar a su primo lejano: esta manta gigante (de unos 3 metros de envergadura) que nos dejó observarla mientras barría los bancales de arena.

Bajando el Trópico... este vez por la “Autopista” del Oeste. Los más avispados ya podrían adivinar la hora.
De camino hacia el sur por la costa oeste nos cruzamos con los famosos Road Trains que pueden llegar a tener hasta 4 remolques... vete a adelantarlos, corre! Bueno, van tan rápido los muy malajes que tampoco tienes ese problema.

Hamelin Pool en Shark Bay. La piscina donde viven los seres vivos más ancianos del planeta, presentes en la foto. ¿no los ven? Es que hay que acercarse mucho. Este paisaje tan singular está formado por una de las pocas colonias de Estromatolitos que quedan en el mundo (gracias a unas condiciones muy concretas). Los estromatolitos son formaciones rocosas formadas por cianobacterias productoras de oxígeno. En un tiempo, nuestros mares estuvieron plagados de ellas y posibilitaron que nuestra atmósfera abriera el abanico de vida a otras formas... como la nuestra.


Ana con marsupio de tela acunando a un cangurito huérfano (tengan cuidado en la carretera amigos!).


Atardecer en Denham

despedimos al sol con acordes para ustedes

En Shark Bay (Francois Perón National Park) puedes realmente sentir la unión del desierto con el Mar en una armoniosa batalla de color.

Por algo lo llaman “Shark Bay”. Los hay de todas las especies. Éste es un lemonshark. Yo también puse esa cara de bonito...cuando nos tropezamos con un tiburón gris de arrecife cuando hacíamos snorkel. Pero ellos van a su rollo. Por aquí los defienden de los prejucios peliculeros.

Uno de los grandes éxitos de Shark Bay es su programa de recuperación de especies marsupiales, como el Bilby (en la señal, bastante más original que la consabida canguril). Su huellas en la arena roja nos hablan de una paulatina recuperación de salud de esta tierra hostigada por las especies foráneas introducidas.

Observando como los delfines aprovechan el confluir de las corrientes para cazar bajo la atenta mirada de la colonia de cormoranes.

A unos 30 km., Monkey Mia es un complejo muy conocido porque, desde hace ya cinco generaciones, delfines salvajes acuden todos los días a comer a sus poco profundas aguas.

Verlos tan cerca y en libertad es un placer. Renzo pudo alimentar uno. 

Aunque, a veces, se pueda convertir un poco en un circo, los voluntarios hacen una gran labor divulgativa aprovechando tal visita.
Ana haciendo el pelícano con instructor profesional.






Cape, de los Malgana-Nhanda de Gutharraguda (la península de Shark Bay), nos enseñó la gran cantidad de recursos que el desierto nos puede brindar y cómo la tierra nos habla.Toda una lección de sentirse en conexión con el lugar que habitas.

Una pareja de emus se sorprendieron de vernos tanto como nosotros a ellos

Parece que sintonizamos con Cape y nos consiguió semejante manjar en forma de cangrejo para la hora del lunch. Un lujo. Lástima que las moscas nos atosigaran sin descanso.

En Shell Beach no hay arena, sólo conchas que dejan una blanca estepa. Aún, siguen aprovechándolas para hacer ladrillos...
Tan prístina estaba el agua que Ana pudo ver con claridad como una generosa serpiente marina se le acercaba curiosa a saludar cuando se bañaba. El salto que dió a la orilla superó su marca registrada hasta ahora (aunque no suelen ser agresivas, su veneno es mortal).

Seguimos bajando por la costa hasta detenernos en Kalbarri, otro pueblo costero, pero en este desemboca el río Murchison, donde dimos un paseo en canoa, del que lo mejor fue el copioso desayuno a orillas del mismo.

Unos kilómetros más arriba, el río se convierte en un gran barranco de singular belleza en el cual nos sentimos como en casa (pese a las diferencias... estéticas).
Estas escasas corrientes de agua se imprimen en el anciano paisaje confiriendo atalayas de meditación.
Paisajes caprichosos de la erosión.

Y noches de música compartida.

Los Pinnacles siguen siendo un misterio de inusitada belleza. Para los aborígenes son antepasados que murieron petrificados como castigo de su holgazanería y falta de respeto a la tierra.

Sesión: cualquiera de nosotros podemos formar parte de la leyenda...

Miles de Kilómetros. Candy al volante y Ana... en su dinámica carreteril habitual.

Al volver a Perth, nos quedamos en Fremantle. Una pequeña ciudad que es el puerto internacional de Perth. La ciudad reclama su posición entre las bohemias encantadoras y tiene su propio festival de espectáculos callejero (¿recuerdan Christchurch?).

Por la noche, de marcha con nuestra anfitriona Candy que nos invitó a quedarnos un par de días en su casa... lástima que la cosa no acabó bien, después de que su compi de piso (también chófer de excursiones de aventura) se corriera la gran juerga en casa cantando y zapateando con la música distorsionando los altavoces nada más que para fastidiarnos, a propósito, el sueño... cosas de viaje, que te hacen aprender... y ver como reaccionas.

Algunas fotos para acabar de buen rollo...marino:

sin comentarios 1- peces 2

Sin Título I- Champiñón coralino

Ñoooooo.... me cacho en ostra tú!



 
Con esta serie nos despedimos de Oceanía para entrar en el Sudeste Asiático.... ¡No se pierdan las aventuras de Teo y Tea en Borneo! En sus pantallas próximamente...

lunes, 5 de abril de 2010

MELBOURNE - GREAT OCEAN ROAD - GRAMPIANS


A morro con nuestra querida “Ginger Beer” (que de "beer" no tiene nada). Un refresco del cual nos hemos hecho fans.

El centro de Melbourne es un cúmulo de contrastes donde reina el mestizaje (arquitectónico y cultural).

Federation Square es el punto neurálgico. En esta plaza (detrás de estos edificios pos...modernos) se encuentran centros culturales de primer orden como el Ian Pottery Centre, que acoge a la National Victoria Gallery (con la mejor colección de arte aborigen y nacional que hemos visto hasta el momento), el Centro de la Imagen en Movimiento y el de Diseño... Aparte es el nexo de unión de todos los acontecimientos de la ciudad. Mientras nosotros estuvimos allí tuvieron lugar actividades abiertas del Festival de Moda, de Vino y Comida y Formula 1...vamos, alicientes para todos. Al fondo se ve la estación central.

En las hamacas de Federation Square viendo un conciertillo de Jazz antes de una demostración de cocina.

Un buen ejemplo de Arte Aborígen (en formato cuadro). Lo que nos alucina es que son abstractos por naturaleza. A pesar de sus antiguas raíces es un arte muy vivo y con profunda simbología siempre relacionada a la tierra en la que viven y sus "caminos".

Y si Melbourne mola es, además, porque tiene playas. La St. Kilda Beach se ubica en el barrio más bohemio y ambientado, con un aire a la Barceloneta...

 con medusas. Tremendas medusas que en esta época del año vienen a morir a la orilla de la playa.

Algún ejemplo de decoración en la zona comercial de St. Kilda.

Un mínimo de 8 sonrisas por hora no es mala norma!

Wicked Aura Batukada en concierto. Un potente grupo australiano compuesto por orientales que tocaban una mezcla de samba, ska, techno,... la globalización al poder. Eran los teloneros del grupo “afrobeat” que fuimos a ver... pero ellos nos sorprendieron más.

Phoenix Canariensis marcando estilo en el skyline victoriano: ¡Sí señor! Como siempre, una cosa que envidiamos profundamente de estas ciudades son sus magníficos jardines de evasión capitalina.

En frente del Ayuntamiento plantaron un huerto (dentro del Festival de Vino y Comida). Nos llamó mucho la atención que hacían talleres de hortícultura, de “hierbitas” y, como se ve, para niños.

Atrio de la Art National Gallery: International, con su pared de agua. Este museo se halla en otra céntrica zona de la ciudad llamada Arts Precint, con teatros, museos, sedes, facultades,...en fin, un ejemplo a seguir.


En la oficina trabajando en lo nuestro. Como gran parte del viaje es improvisando, invertimos muchas horas en las bibliotecas que surgen a nuestro paso y que nos brindan sus servicios informáticos gratis. Aquí, Ana en ergonómica postura buscando billetes para bajar del Ningaloo National Park o leyendo las últimas noticias del País.


Costa del estado de Victoria, sede de la industria surfera del país. Una semana más tarde iba a tener lugar un evento del campeonato mundial de surf. Esperemos que suba la fuerza..pues, por ahora, está flojita.

La Great Ocean Road la protagonizan los 12 apóstoles. Bueno, ya no son 12, la erosión no sólo hace estragos en el Dedo de Dios. Ahora son 9.

Un paisaje con fuerza mística. El mar ruge y moldea la roca de arenisca a su capricho.


Un oasis en medio de un mar bravo y poderoso. El agua es turquesa y clara, pero se siente la corriente tan sólo con mojarse los pies.

La anécdota del London Bridge es que, cuando se cayó la pasarela que lo unía al continente, en el 93, entre un grupo de visitantes, una pareja se quedó aislada en él. La historia no iría a más si no es porque todos los medios filmaron el rescate. Ellos se tapaban las caras cuales delincuentes y el público se preguntaba por qué. Semanas más tarde se supo que eran amantes infieles en escapada romántica. Ummm, sólo imaginar que te pillen así pone los pelos de punta.

En el bosque pluvial cercano a la costa se entremezclan los bosques de eucaliptos, árboles gigantes y helechos majestuosos... sabemos que parece una temática repetida en el blog, pero  el hecho es que llevamos los helechos en el corazón (qué potito) y el paisaje lo merece.

En medio de uno de los campings de nuestro tour por la campiña victoriana, Ana hizo amistad (efímera) con este ajetreado Koala. O sea, que pasó de la rama de eucalipto tres kilos para irse presto a otro árbol (al contrario de lo que parece pueden ser muy rápidos si se lo proponen). Sus rugidos guturales por la noche son realmente atemorizantes.

250 km más al norte, preparando la cena con algunos compañeros de viaje. En los Grampions.


“Anita´s quartet”. Un lujo en medio del outback australiano. Con uno de los austríacos trotamundos al piano. Nuestro guía, Luke, era, además, un virtuoso de la guitarra acústica y nos deleitó con algunas piezas.

Cas cada.

En los Grampions, paisajes que se remontan al origen de la tierra.

Kangaroo aciago pensando si debe cruzar la carretera.